Un cuaderno de cocina que empezó con una caja de tomate pera en agosto y la manía de no tirar nada. Aquí contamos de dónde venimos, cómo trabajamos cada receta y por qué seguimos midiendo el pH antes de cerrar un tarro.
Fat Tomator empezó como una libreta de cocina que se fue llenando de anotaciones a lápiz: kilos de tomate pera, minutos de baño maría, qué tarro salió mal aquel agosto. Con el tiempo esas notas se ordenaron por temporada y por variedad, y hoy son la base de todo lo que publicamos.
Las primeras conservas se hicieron con una olla grande prestada y tarros de reutilizados. Ahí aparecieron los errores clásicos: llenar hasta el borde, tapas abolladas, pH sin medir. Cada tanda fallida quedó apuntada y sirvió para fijar el método que hoy explicamos paso a paso.
Dejar de tratar todo el tomate igual fue el primer cambio serio. El pera pedía triturado y baño maría largo; el raf aguantaba mejor la cazuela lenta; el cherry se iba al horno bajo o al encurtido. Esa clasificación dio forma a las fichas técnicas que hoy acompañan cada receta.
Agosto marca el ritmo: se compra caja a caja, se escalda en tandas y se reparte entre salsa madre, tomate triturado y deshidratado. El resto del año se cocina desde la despensa. Los menús semanales nacieron justo de esa lógica, para familias que entre semana no tienen tiempo de improvisar.
Ninguna comparativa sale de un catálogo. Cada olla, pasapurés o robot pasa por una tanda real de conserva: kilos de tomate, tiempos de cocción, textura final y limpieza posterior. Solo publicamos lo que aguanta una temporada completa sin dar problemas.
Fat Tomator es hoy un archivo de recetas, fichas de conservación y notas de huerta urbana. Seguimos escribiendo desde la misma cocina, con la misma libreta al lado, y con la idea de que cualquiera pueda llenar su despensa de invierno sin depender de la industria.
Fat Tomator empezó como un cuaderno de cocina en una cocina pequeña de barrio, con una caja de tomate pera del huerto familiar y la manía de apuntarlo todo: pesos, tiempos, temperaturas de baño maría y qué tarro salió mejor. Estos son los hitos que han ido marcando el rumbo.
Otoño 2019
Doce tarros de tomate triturado escaldado y esterilizado en una olla prestada. Tres se agriaron por no respetar el headspace. De aquel error salió la primera ficha sobre pH y tiempos de baño maría que aún seguimos revisando cada temporada.
Verano 2021
Después de comparar tomate raf, kumato y corazón de buey en la misma cazuela, fijamos una receta base de tres horas con cebolla dulce y albahaca al final. Empezamos a medir rendimiento por kilo para escalar lotes sin perder el punto de acidez.
Agosto 2022
El huerto dio más cherry del que podíamos comer fresco. Probamos secado con mosquitera frente a horno a 60 grados con la puerta entreabierta, y añadimos salmuera al 5 por ciento y vinagre aromatizado con romero a la despensa de invierno.
Invierno 2023
Lectores que cocinan entre semana nos pidieron algo más que recetas sueltas. Empezamos a publicar menús de lunes a viernes apoyados en tarros pequeños, salsas ya cocidas y conservas abiertas que aguantan varios días en nevera.
Primavera 2024
Añadimos pruebas de ollas grandes, pasapurés y robots de cocina con lotes reales de tomate pera. No buscamos el aparato más caro, sino el que aguanta una tarde entera de escaldado sin calentar de más ni dejar piel en el triturado.
Actualidad
Seguimos anotando cada cosecha: qué variedad funcionó mejor en conserva, qué tarro selló bien y qué receta de aprovechamiento se quedó en la despensa. Si algo no sale, también lo contamos.
Esto empezó en una cocina pequeña con una caja de tomate pera que no cabía en la nevera. En lugar de regalarla, probamos a escaldar, triturar y envasar. El primer lote salió con demasiado líquido y una tapa mal cerrada. El segundo ya se parecía a algo. Desde entonces no hemos parado.
Escribimos para quien cocina en casa entre semana y también para quien dedica el domingo entero a la despensa. Nos interesa el tomate como ingrediente central, no como acompañamiento: variedades de huerta, salsas cocidas a fuego lento, triturado en conserva, deshidratado al sol y encurtidos de aprovechamiento. Cada receta viene con sus tiempos, su pH y sus errores frecuentes, porque conservar bien no es cuestión de suerte.
El tono es el de un cuaderno de cocina: anotaciones al margen, correcciones a lápiz y la mancha de salsa que se queda en la página. Preferimos explicar por qué un tarro no sella antes que prometer resultados perfectos.